David Fincher nos trae una vez más una película que vale la pena, como lo ha hecho en anteriores ocasiones es imposible no reconocer esos detalles que hacen única su obra cinematográfica. No es la primera vez que adapta un libro a la pantalla (El club de la pelea), pero digamos que si el mas difícil que ha intentado. Quienes han leído la obra de Stieg Larsson (yo no lo he hecho) dicen, es atrapante igual que la película. Y es que el solo hecho de sintetizar en 2 horas y media 700 páginas bien logradas es una labor titánica que requiere simplicidad y creatividad; muchos han fracasado en el intento de llevar un buen libro a la pantalla grande, pero quienes han tenido éxito (El padrino, lo que el viento se llevo) se ufanan de crear verdaderas obras de arte, Fincher ya entro en ese grupo.
Nuestro director clona (del libro) y crea a la vez un personaje memorable que se roba la película por completo, porque a lo ultimo casi nadie tiene en cuenta el super-empresario que arruina la vida de un periodista investigativo llevándolo a un juicio por supuesta calumnia y dejándolo prácticamente en la calle sin un centavo, ni que la nieta desaparecida del magnate estaba llevando una buena vida en otra parte lejos de esa supuesta despiadada familia, que al fin de cuentas no era tan despiadada, bueno excepto por el hecho de contar con unos cuantos nazis y uno que otro cascarrabias y con dos asesinos en serie.
Todas estas cosas pasan desapercibidas por culpa de Lisbeth, esa genio con alto coeficiente intelectual, cara de pocos amigos y ojos de pesadumbre, de maldad y de frialdad e increíblemente también de debilidad, de soledad, fragilidad y de ternura (bueno solo en algunas partes de la pelicula). Ese ruleta rusa de personalidad que crea Fincher que no sabemos en cuales de las matices que puede tener este personaje nos va mostrar en un minuto para dar un giro de 180 grados y mostrarnos algo totalmente diferente. Sus ojos lo dicen todo, cuando un actor es bueno sus ojos reflejan lo que siente, el espejo del alma que nos muestra Lisbeth aunque no sabemos si tiene alma, es el de una chica atormentada desde su niñez, seguramente abusada y maltratada como muchas, pero que tiene ese talento indiscutible de percibir cosas que los demás mortales no, con una mirada calculadora que da miedo. Así como Rooney Mara (Lisbeth) nos regala una actuación espléndida, Daniel Craig (Mikel) nos asombra con su ya habitual capacidad de encarar papeles serios y de carácter sin exagerar en sus pretensiones; papeles finos.
El ambiente que siempre nos entrega Fincher en sus películas es que todo parece estar perdido, que no hay salida (El club de la pelea), que todo en el mundo parece malo y que siempre existe alguien que traiciona a otro y se sale con la suya (la red social) y que eternamente ganan los malos (Seven). Un experto como estos no ha sido reconocido por la academia de ciencias y artes cinematográficas de los estados unidos.
Si te sentaste durante 2 horas y 35 minutos y al final piensas que no valió la pena, definitivamente no vuelvas al cine ya que no sabes nada de el, porque no sabes reconocer que estas ante una de la mejores fotografías de la industria, el mejor diseño de producción y dirección artística, y porque además no quedara duda nunca más de que David Fincher es un director que sabe muy bien lo que hace. La chica esta nominada al Oscar, pero creo que no gane, bueno de por si ir como una de las opcionadas a la ceremonia ya es un logro para su carrera. La fotografía compite también (esplendida fotografía como siempre), ojala logre esta estatuilla.
Hasta pronto….










